Pedacitos y otros relatos inquietantes
Un abuelo depredador que vigila el barrio desde los tejados como si estuviera en la sabana. Una mujer asesinada en su casa que regresa porque quiere venganza. Un hombre que cose una muñeca para recordar a su madre. Un espejo que refleja a una troglodita descarnada. Una criatura encerrada en un laberinto mental. Una madre que busca los huesos de su hija en el desierto…
Pedacitos y otros relatos inquietantes nos invita a realizar un viaje conmovedor hacia lo inesperado. Se trata de un conjunto de relatos que describen de una forma extraordinariamente particular el universo femenino, donde la violencia que se ejerce sobre él se rebela desde una mirada perturbadora y, al mismo tiempo, profundamente humana.
Cada una de estas narrativas breves, de atmósferas delicadas, sumergen al lector en realidades paralelas entrelazando lo fantástico con lo cotidiano. La obra expone una visión profundamente inspiradora del mundo de las mujeres que sufren algún tipo de maltrato. Los vivos y los muertos comparten sus historias abordando el tema de una forma profunda y emocionante. Pedacitos y otros relatos inquietantes continúa cuando traspasas el umbral de la última página.
Vive la experiencia transmedia. ¡Disfrutarás de una experiencia de lectura memorable!
Pedacitos y otros relatos inquietantes
Un abuelo depredador que vigila el barrio desde los tejados como si estuviera en la sabana. Una mujer asesinada en su casa que regresa porque quiere venganza. Un hombre que cose una muñeca para recordar a su madre. Un espejo que refleja a una troglodita descarnada. Una criatura encerrada en un laberinto mental. Una madre que busca los huesos de su hija en el desierto…
Pedacitos y otros relatos inquietantes nos invita a realizar un viaje conmovedor hacia lo inesperado. Se trata de un conjunto de relatos que describen de una forma extraordinariamente particular el universo femenino, donde la violencia que se ejerce sobre él se rebela desde una mirada perturbadora y, al mismo tiempo, profundamente humana.
Cada una de estas narrativas breves, de atmósferas delicadas, sumergen al lector en realidades paralelas entrelazando lo fantástico con lo cotidiano. La obra expone una visión profundamente inspiradora del mundo de las mujeres que sufren algún tipo de maltrato. Los vivos y los muertos comparten sus historias abordando el tema de una forma profunda y emocionante. Pedacitos y otros relatos inquietantes continúa cuando traspasas el umbral de la última página.
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Pedacitos
Cuando la policía se desplegó en la ribera del río, cerca de Osoca, de pronto, la tierra empezó a caer sobre mis labios y, en cuestión de días, las pálidas larvas aparecieron en mi boca como intrusas no deseadas en una casa, explorando mis dientes con la misma insolencia con la que acariciarían los muebles, intentando descifrar de qué material estaban hechos. Todo permaneció en calma hasta que, a través de la tierra húmeda, alcancé a oír el breve ladrido del perro de los vecinos, como si lo hubiera despertado una pesadilla. Luego, el silencio volvió a caer sobre el jardín. Entonces oí, muy cerca de mí, unos pasos y una tos. Tuve miedo de que la tos y los pasos fueran los de Marco. Por eso allí, bajo las violetas frescas y rodeada por la oscuridad, cerré los ojos y fingí estar durmiendo. Por un instante, dejé que mi mente se perdiera en la imagen de las flores, de un rosa intenso, emergiendo exuberantes entre las hojas con forma de corazón. Últimamente no pensaba mucho en él, pero cuando me acordaba del persistente olor a tabaco que impregnaba su ropa, de la brutalidad que circulaba por sus venas, me alegraba de estar muerta.
Marco se había convertido en ese lugar íntimo y peligroso que existe en toda familia. Era un hombre que iba por la vida con los puños cerrados, irradiando una energía crispada, semejante a la que se percibe en el aire justo antes de desatarse una tormenta. Siempre insistía en que me amaba, como nadie podría llegar a hacerlo. Al principio creía que, tal vez, eso fuese cierto, pero cuando sus manos se cerraron con fuerza alrededor de mis brazos, tuve la terrible sensación de estar equivocándome. Los minutos transcurrieron, y yo permanecí inmóvil, como si hubiera perdido por completo el pulso, la capacidad de respirar. No fue sino hasta ese instante que él se dio cuenta de mi parálisis y en un sólo movimiento, me soltó.
La última vez que sucedió, la voz de alarma la dio la niña, al verme. Su grito descontrolado y gutural fue tan intenso que Marco se detuvo como si, en realidad, fuera la vida de la niña la que estuviera en peligro. Estaba tendida en el suelo, con sus dedos apretados alrededor de mi cuello, controlando mi capacidad para respirar. Alertado por el llanto desgarrador de la niña, mi suegro irrumpió en el umbral de la puerta de la habitación. Sus ojos se toparon brevemente con los míos, y en ese instante, percibí una sombra de indecisión que oscurecía su rostro. Antes de desmayarme, alcancé a oírlo. Ya no pongo mis manos en ningún fuego. Eso murmuró.
No era Marco quien avanzaba por el jardín, sino los pasos firmes de la policía, que, con la tos apagada por la seriedad de la situación, comenzaron a desenterrar mi cabeza, oculta bajo la tierra de las violetas. Una imponente herida serpenteaba cerca de mi cuello, un rastro de dolor. Cuando la policía se fue, todavía la casa estaba intacta, mi sangre por el suelo, las paredes manchadas. Tiempo después, Marco confesó que lo ataqué con un cuchillo, que por eso corrió hasta el garaje y tomó un hacha, para defenderse. Después se preguntó qué hacer, porque iban a descubrirlo, entonces decidió que, lo mejor, era cortarme en pedacitos. De mi cuerpo, únicamente quedaban fragmentos, un rompecabezas esparcido por el suelo. Pero, ¿acaso pertenecían a una única mujer? Cuando desenterraron el torso, reviví la aguda sensación del filo de la sierra, cuando desperté me encontré con la macabra escena: mis brazos desmembrados a cada lado del cuerpo. Un último grito de horror se escapó de mi garganta y Marco, con los ojos llenos de lágrimas, se agarró la cabeza con ambas manos, como si tratara de contener el caos que se estaba desatando en su interior. El pulpejo de mis dedos lo había arrancado. Había sido rápido, audaz, astuto, para convertirse en un asesino.
Los días en que Marco cumplía su condena en prisión creía sufrir alucinaciones, sin sospechar que, en realidad, yo estaba de pie junto a su celda, a punto de atravesarla. Convencido de que sus sentidos le jugaban una mala pasada, como cuando mi figura se recortó en el umbral de la puerta, y él vio el sol iluminando el césped del jardín, derramando su luz sobre los juguetes que la niña había dejado abandonados. De pronto, como si cobraran vida propia, mis manos atravesaron las rejas, y después surgió mi voz, resonando como un golpe en la penumbra. La inquietud se reflejó en sus ojos, pero también una curiosidad que rozaba lo morboso.
—¿Acaso crees que todo esto es real, Marco? —mi voz resonó en la celda.
Él parpadeó, incrédulo, mientras me desdibujaba en la tenue luz de la prisión. Observé cómo la confusión danzaba en sus ojos.
—No puede ser verdad, estás muerta —balbuceó, tratando de aferrarse a la cordura.
—¿Lo estoy? —pregunté, con una sonrisa.
La intensidad de su mirada, feroz como la de un depredador, escudriñó las paredes de la celda en busca de cualquier indicio de debilidad. Cuando mis ojos se encontraron con los suyos, mis dedos cortaron el aire, como si fueran cuchillas. En ese intercambio silencioso, de repente, me dejó sola con tantas preguntas sin obtener respuesta. Permanecí toda aquella noche junto a su cadáver, hasta que, con las primeras luces del amanecer, el llamado retumbó en mis oídos. Sin embargo, el golpe no provenía de la puerta de su celda.
Mis escritos
En mis relatos, las palabras se convierten en puentes entre lo real y lo fantástico, retorciendo lo cotidiano de una forma particular. Exploro la condición femenina y desafío la realidad con una mirada crítica e inquietante. Cada historia presenta mujeres como protagonistas, enfrentando la violencia de género, la locura y la muerte con la fuerza de la imaginación.
Geografía de lo inquietante
La geografía de lo inquietante no solo se encuentra en los mapas, sino que habita en los espacios simbólicos donde lo extraño y lo fantástico se hacen presentes. Este blog es un recorrido por lugares, reales e imaginados, en los que lo cotidiano y lo sobrenatural se entrelazan, desafiando nuestras percepciones de la realidad.
La canción de Aquiles
La canción de Aquiles, de Madeleine Miller
Alianza Editorial
Hamnet
Hamnet, de Maggie O’Farrell
Libros del Asteroide
Insólitas. Antología de lo fantástico
Insólitas. Antología de lo fantástico.
Edición de Teresa López-Pellisa y Ricard Ruiz Garzón
Editorial Páginas de Espuma


